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En apenas unos años hemos experimentado una revolución tecnológica sin parangón que ha llegado para cambiarlo todo. Su vertiginoso ritmo nos conduce hacia horizontes que posiblemente somos incapaces de predecir, de calibrar en toda su dimensión y consecuencias. La tecnología ha hecho posible una red mundial capaz de conectarlo todo al instante, configurando y completando una nueva capa que se suma a nuestro ecosistema planetario. Esa capa, a la que muchos han dado en llamar tecnoesfera, permite pensar por vez primera en la historia en la viabilidad de una comunidad planetaria, un territorio ideal para que la Teoría del Caos se exprese a su antojo por medio de efectos y causas inesperadas, y en el que además toman forma, como nunca antes había sucedido,  gigantescos “almacenes de conocimiento” de acceso inmediato y en constante enriquecimiento, bibliotecas planetarias que recuerdan bastante a lo que algunas tradiciones sagradas antiguas describieron y llamaron desde la mística “archivos akásicos”.

El mundo en el que vivimos hoy y con el que nos despertaremos mañana es, desde mi enfoque optimista, esperanzador. Personalmente me posiciono del lado de quienes ven en la tecnología un aliado, un camino de mejora en nuestra calidad de vida y una oportunidad para que los seres humanos desarrollemos nuestras capacidades superiores en un entorno más amable y estimulante. Pienso que el escenario por el que apuesto permitirá verdaderas explosiones creativas de consecuencias ahora impensables A pesar de ello, también tengo claro los miedos y desconfianza que nos genera, los riesgos, los peligros de instrumentalización y de timoneo colectivo hacia un modelo de pensamiento alienado que puede llegar a facilitar, y por supuesto, las muchas desigualdades y diferencias básicas que aún debemos solventar para que ese mundo,  y esa tecnología,  nos ayuden a construir un mundo mejor para el conjunto y no para una parte.

Precisamente uno de los asuntos que hemos de pulir tiene que ver con lo que representa SER BRILLANTE. Jamás hemos estado tan interconectados, tan cerca de erigirnos en una aldea global, pero paradójicamente es posible que estemos más aislados que nunca, que nos comuniquemos de manera francamente deficiente, que los equívocos sean una variable predominante. La inmediatez y condición efímera de las redes sociales es un excelente ejemplo. Sus algoritmos nos muestran un mundo ficticio, fabricado a medida de nuestros “likes” para dar consistencia a nuestro espejismo, y los miles de “amigos” con los que contamos pervierten el verdadero significado de una palabra tan sagrada.

Es irracional entrar en una crisis de ansiedad por la falta de conexión a internet, y nos estremecería comprobar la de veces que miramos al día la pantalla de nuestro móvil y las muchas en las que evitamos la interacción sensorial con otros. Sobrecoge pensar que muchos niños y jóvenes jamás han usado el teléfono móvil para hablar convencionalmente por el mismo. De hecho, conocí un caso en el que un chaval que usaba el móvil a diario literalmente no sabía cómo llamar a un amigo con el que chateaba constantemente! Es habitual que las pandillas compartan espacio físico en pocos metros cuadrados y su interacción se desarrolle a través de las pantallas de sus dispositivos. Cultivamos el aislamiento y una modalidad de pseudoautismo que boicotea nuestra naturaleza social. Somos más felices, más eficientes, más saludables y más prósperos cuando cultivamos las relaciones.

Por ello, es vital que recuperemos y desarrollemos el máximo potencial de ese don que es la COMUNICACIÓN HUMANA y nos libremos del limitante y entumecedor código que representan, por ejemplo, los emoticonos. Volvamos a poner en valor la voz del otro, lo que nos dicen sus ojos y sus manos cuando nos habla, sus silencios, la poderosa sonrisa, el apretón de manos, la escucha consciente, la manera en la que cambia la distribución de un espacio cuando lo compartimos con otro…Me gusta formar parte de SER BRILLANTE entre otras cuestiones por saber que aquí se ponen en valor dichas cosas, que el trabajo que desempeñamos de cara a cooperar en nuestra optimización personal y profesional, para hacernos brillar, no hipoteca en absoluto lo humano y la proximidad, sino que por el contrario lo convierte en herramientas imprescindibles y garantes del éxito perseguido. Ser Brillante refuerza mi confianza y optimismo en que es posible brillar en tiempos oscuros.

José Gregorio González

Colaborador de Ser Brillante